Estás completamente loca.
Esmeralda cerró la puerta de su habitación con más fuerza de la necesaria.
El golpe retumbó en el silencio del pasillo y la dejó de pie en medio de la oscuridad, respirando como si hubiera corrido varios kilómetros en tacones.
O como si acabara de escapar de un hombre que tenía la irritante habilidad de desordenarle la cabeza con una sola frase.
Se quitó los zapatos, los lanzó hacia un rincón y se pasó las manos por l