Mundo ficciónIniciar sesiónEl timbre sonó como un disparo en la quietud del domingo.
Esmeralda Rivera abrió un ojo, luego el otro, y miró el reloj digital que brillaba en la oscuridad de su habitación. Cinco de la mañana. ¡De un domingo! —¿Qué demonios…? Se incorporó de golpe con el corazón acelerado. Nadie






