Un escalofrío recorrió la médula espinal de Myriam, se quedó estática, tal cual, cuando era pequeña, y Silvia la castigaba, giró con lentitud y la miró.
—Mamá —balbuceó, y enseguida notó que ella le dedicaba una mirada de reproche, la vio colocarse la mano en la cintura, y arrugar la frente.
—Si no es por tu novio, no eres capaz de avisarme que te casas de nuevo, ni siquiera me has mandado fotos de mi nieto —reclamó, acusándola con el dedo.
Myriam miró a su alrededor y notó que los invitad