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—Benjamin... —murmuro, acercándome lentamente con la esperanza de que me vea, aunque sé que no puedo pasar más allá del altar—. Mírame, Benjamin, no me dejes...
—No te oye, Nevaeh —me giro y veo al señor James en su silla de ruedas, acompañado por Hitler, quien socorre a Richard y lo ayuda a levantarse. Luego, ambos toman el cuerpo inconsciente de Charles del suelo—. Solo la escucha a ella; está en su cabeza.
—Pero... no puedo dejarlo ir —sollozo, casi perdiendo las esperanzas—. No voy a de