—¡Benjamin! —le llamo a sus espaldas, pero sigue caminando—. ¡Benjamin!.
Cuando le grito, se detiene en seco y se vuelve hacia mí con la mirada perdida. Baja los ojos hacia su fuerte agarre en mi mano, soltándome rápidamente al darse cuenta. Pasa una mano por su cabello, frustrado, y luego me escanea de pies a cabeza.
—¿Qué hacías en su habitación? —me reclama, con un tono bajo y suave, pero firme y receloso—. Solo te dejé por un momento, Nevaeh, un maldito momento. ¿Qué hacías ahí?.
—Yo... —no