Rápidamente llegamos al edificio. Vladimir entra en el estacionamiento subterráneo y bajamos. Camina a grandes zancadas, pero mis pies doloridos no dan para ir a su ritmo.
Parece como si no existiera, eso fortalece mi rabia, entro en el elevador y me recuesto en el fondo del mismo, mi cabeza está empezando a doler. Solo quiero comer y dormir.
Cuando entramos, esta tira la puerta con todas sus fuerzas haciendo que mis oídos piten. Sin ánimo de discutir camino hasta las escaleras
—¿A donde crees