No toco el desayuno, mi cubierto mueve los huevos revueltos de un lado a otro sobre el plato. Mi mente se ha ido de este lugar. Me quedo mirando la puerta por donde Adriano salió como si fuera a regresar de inmediato y decir que todo fue una exageración, que seguiremos siendo los falsos granjeros enamorados que éramos ayer.
Pero no. Ahora sé quién es y él quiere que el mundo lo sepa. “Te vendré a buscar más tarde, para que nos mudemos de aquí.”
La frase retumba en mi cabeza.
Subo a la habitación