Lyla
Sorprendentemente veníamos en silencio en el camino, podía sentir la tensión que desprendía Emilio, ni siquiera quise preguntar. Aún me siento culpable por la muerte de esos hombres, ¡Dios! Solo estaba desesperada por salir de ese encierro.
Cuando llegamos a la casa, todos los hombres que están patrullando, se ponen tensos. Saben que algo pasa, cuando me ayuda a bajar, ninguno me mira, lo que hace que tenga ganas de llorar.
Me detengo cuando veo a un hombre del mismo porte de Emilio,