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—No… No, querida. Quiero decir, sí, iré contigo. Almorcemos juntas —dijo con decisión.
La sorpresa en el rostro de Zaynab fue evidente.
Tal vez simplemente no lo esperaba.
No era habitual que Maya saliera a almorzar con alguien más, porque Oliver siempre estaba allí para ella durante la hora del almuerzo.
—¿E-Está segura, doctora? —preguntó Zaynab, su tono reflejaba incredulidad.
—Por supuesto —respondió Maya, levantándose de la silla y tomando su bolso—. Vamos —añadió mientras se dirigían haci