Hanna cerró los ojos mientras que trataba de recuperar el aliento, nunca llegó a imaginar que alguien iba a llegar en aquel tétrico momento, con su cuerpo completamente inmóvil se quedó en la cama, ya que Valentino sostenía en la mano una pistola y en su rostro se podía ver que no iba a dudar en hacer uso de ella.
—¿Supongo que quién se encuentra aquí es Enzo verdad? —preguntó Valentino.
—No lo sé —respondió ella con la voz temblorosa.
—¡Maldita perra! —le gritó Valentino—. No puedes negar que