Hermes corrió hacia el granero a gran velocidad, sintió arder sus pulmones, sintió el sudor en su cuerpo y el viento frío en su rostro que hizo volar sus lágrimas. La luna llena blanca e imponente iluminó su camino y le hizo recordar a Selene y a aquella noche en que por fín pudo amarla.
Le pidió en silencio, mientras no dejaba de correr, que entregaría su vida y más para que Selene estuviera a salvo.
Llegó al granero y se frenó de golpe al escuchar la voz de su amada del otro lado. Un alivio