Santiago estaba furioso. La huida de Luciana la noche anterior había desatado una tormenta de ira en él. La fiesta, que había comenzado como una celebración, se había convertido en un caos emocional. La ausencia de Luciana y su decisión de irse sin previo aviso lo habían dejado con un enojo abrumador.
Su rabia se intensificó con cada trago de alcohol que consumió esa noche. Santiago bebió en exceso, buscando ahogar su frustración y desdén en el licor. Mientras el alcohol nublaba su mente, se