11. Tu obligación
Rhys tuvo que contener la ira que comenzaba a surgir en su interior. No estaba acostumbrado a que alguien se le enfrentara de esa manera, mucho menos que una mujer que acababa de convertirse en princesa consorte se atreviera a desafiarlo.
«¿Quién se cree que es?», pensó, sintiendo la sangre hervir en sus venas. Pero por mucho que quisiera sacar esa furia contra Anastasia, se obligó a respirar profundamente y a mantener la compostura.
—Entiendo que esto pudo haberte tomado por sorpresa, no solo