Un jarrón se hizo añicos.
Asher no tuvo reparos en explotar en cuanto Aleksander y Rebecca subieron a la habitación. La noticia del bebé le había alterado de forma significativa. No podía creer lo que había escuchado y la rabia lo consumía por dentro. Pietro y Antonella habían quedado igual de sorprendidos por la noticia, pero sin duda el más afectado era Asher.
—¡¿Qué he hecho yo para merecer esto?!
—Asher, tienes que calmarte.
—¡No, no pidas que me calme! Ahora será imposible que retomemo