En Roma, un hombre mayor esperaba pacientemente la entrada de su medico de cabecera mientras jugueteaba con su pluma. Thomas Russo pensaba en lo sencillo que era para cualquier abandonar este mundo y el no deseaba hacerlo de la noche a la mañana sin haber dejado nada estipulado. Santino Ferra era su medico de cabecera, cuando la puerta de su oficina se abrió, el hombre ingresó a la habitación portando un maletín consigo, el doctor le tendió la mano que el magnate apretó con confianza.
—Buenos d