—Hola, abuela May.
Ya que era imposible evitarlo, había que enfrentarse a él.
Alejandro sonrió y saludó a la anciana.
Quiana sabía que la anciana de sonrisa amable era la vieja señora de la familia York.
La ropa de la anciana no era diferente de la de las ancianas corrientes, parecía muy sencilla, pero el aura noble que desprendía no era algo que pudiera ocultarse con la ropa.
La anciana estaba tan robusta y bien cuidada, parecía de unos cincuenta o sesenta años, por lo que era difícil saber su