Savana
—Sava... Sava...— Seguía llamando mi nombre, con la respiración agitada, casi como si me estuviera suplicando.
Sus dedos recorrieron mis labios, presionándolos suavemente para entreabrirlos, antes de volver a besarme con rapidez.
Entonces, justo cuando estaba a punto de corresponderle el beso, se apartó.
Podía sentir con total claridad que mi cuello estaba cálido y húmedo.
Lo estaba lamiendo.
El roce de su lengua contra mi cuello hizo que un suave gemido escapara de mis labios.
Maldita s