Savana
No hacía falta explicar por qué me sentía tan nerviosa e incómoda.
Podía sentir con toda claridad su mirada penetrante clavándose en mi espalda.
Uf... Era como si ese hombre me estuviera amenazando en silencio desde el momento en que salió al exterior.
Intenté volver a concentrarme en lo que estaba haciendo.
Un instante después, estalló un aplauso.
—¡Genial! ¡Hemos tenido muchísima suerte!—
—¡La Diosa Luna nos ha bendecido! ¡En nuestro primer día realmente encontramos una Moondire Moth!—