Capítulo 92. Verona traiciona una orden
La madrugada cayó sobre el refugio con la pesadez de un secreto mal enterrado. Después de la pelea con Dante, mi cuerpo seguía vibrando como si hubiera recibido un impacto eléctrico. No era solo la rabia. Era el miedo a lo que no se había dicho. Y lo que sí.
Verona se acercó a mi habitación sin tocar la puerta. Entró con el sigilo de siempre, aunque esa noche había algo más en su postura: urgencia. O culpa.
—Necesito que vengas conmigo —susurró, con la voz apenas un hilo.
Alcé la vista desde el