—Estás loco… No… No Fran… Um~ —gemía Emily con voz temblorosa, mientras él la acariciaba con intensidad. Ese hombre la encimaba, contra la gruesa barandilla de madera del balcón que producía un pequeño crujido ante los movimientos de ambos.
El viento alborotaba la cabellera pelirroja de esa mujer, mientras él, levantando uno de los muslos de Emily, y apoyándolo a la altura de su cadera en el sector derecho. Comenzó a desaprovecharse el pantalón.
—¡¿Aquí?! —preguntó Emily, avergonzada ante