La inocencia y fragilidad en el rostro de Aitana se congelaron en un instante. Por un momento, como si una máscara hubiese sido perforada, un destello de culpa cruzó su expresión.
—Primo, ¿a qué te refieres?
—¿A qué me refiero? Prima Aitana, ¿acaso piensas que todos aquí somos tontos? Desde el primer momento que te vi, supe qué clase de persona eras: por fuera, una imagen de inocencia y debilidad, pero por dentro, llena de cálculos y profundas intenciones. Disfrutas engañando a todos con esa más