Ana estaba segura de que Lucas debía de saber algo.
Por suerte Luna la había llamado y le había dado tiempo para prepararse, de lo contrario Lucas le habría visto el plumero.
Ana le dirigió una mirada:
—No soy yo, tengo que trabajar durante el día e ir al hospital por la noche para estar con mi madre, no tengo tiempo para seguir trabajando en el hotel, no sé bilocarme.
—¿No? ¿Puede ser tanta coincidencia que alguien se llame igual que tú?
—La Ciudad S está poblada decenas de millones de pers