Tras decir eso, el policía dejó a Ana en la calle y no volvió a prestarle atención. Ana repasaba en su mente las palabras del oficial, así como esa mirada despreciativa que no pudo ocultar. Se sentía helada por dentro.
"Supongo que para el mundo exterior, debo parecer una mujer malévola, ¿verdad?"
Esta reflexión no mejoró su ánimo, a pesar de haber sido liberada sin contratiempos. Caminó unos pasos y detuvo un taxi para regresar a casa.
Mientras viajaba, Ana se perdió en el paisaje nocturno a