—No hace falta, no puedo dormir con gente alrededor —dijo Silvia con serenidad. Dado que la paciente había hablado así, Ana no podía insistir en quedarse.
Si Silvia no descansaba bien y deterioraba su salud, la responsabilidad sería demasiado grande para Ana.
Ana dirigió su mirada hacia Paula, que estaba detrás.
—Entonces, tía, te molestaré con esto...
—Realmente estoy bien. Puedes decirle que se vaya también. No estoy acostumbrada a la presencia de extraños; me pone nerviosa.
Silvia y