Una vez más, el tema de su novio surgió, y Silvia apretó fuertemente su mano bajo la manta. En ese momento, se arrepentía profundamente de haber inventado a tal persona, que ahora se había convertido en una herramienta de manipulación para Ana.
Viendo que Silvia no respondía, Ana se sentó al borde de la cama.
—Entonces descansa bien. Todos estamos aquí vigilando. Si te sientes mal, puedes llamarme.
Silvia se sentía tan irritada al ver a Ana que la última cosa que quería era que se quedara a cuid