Lucas se quitó el abrigo y, al cabo de un momento, un taxi se detuvo frente a ellos. Lucas abrió la puerta del vehículo, y ambos se acomodaron en la parte trasera. La luz tenue, sumada a los ligeros baches del camino, empezaron a adormecer a Ana, quien poco a poco se recostó en el pecho de Lucas.
Pero justo cuando su rostro se acercaba al pecho del hombre, un sutil aroma a perfume penetró sus sentidos. Era una fragancia empalagosa, completamente distinta al discreto olor a colonia y tabaco que l