Después de que José tomó una decisión firme, apretó con fuerza su arma y abrió la puerta.
Ana no se había ido. Todo el tiempo estuvo escuchando los ruidos del interior. Al ver a José salir, se agachó rápidamente.
—Lo siento, José. Hablé sin pensar antes. No quería criticarte. Si no quieres hacerte el chequeo médico, no pasa nada. Solo estaba intentando...
Ana luchaba por encontrar las palabras correctas. Por primera vez sintió que sus palabras eran tan inadecuadas. Sentía que no importaba lo que