Al escuchar lo que dijo Jose, Ana no preguntó más y extendió la mano para acariciar la cabeza del niño.
—Llévate lo que te guste, si hay algo que no puedas llevar, podemos ayudarte.
Jose negó con la cabeza.
—No hay nada más.
Dado que era así, no había necesidad de quedarse más tiempo. Ana planeaba llevar al pequeño de regreso al hotel.
Lucas llamó a un taxi, y una vez que se subieron, sonó el teléfono del hombre. Era una llamada del guía.
—Sr. Hernández, la persona que me pidió investigar ha sid