Javier, aun siendo un niño, siempre había amado las armas. Pero normalmente solo podía jugar con pistolas de juguete y mirar imágenes de estas. Ahora, se encontraba frente a una verdadera y apenas podía creer lo que veía.
Rápidamente, Javier tomó el arma, la examinó cuidadosamente. Aunque era pequeña, era bastante pesada al levantarla. El tacto era agradable, el brillo metálico negro irradiaba una imponente presión inexpresable.
—Papá, ¿es realmente para mí? —preguntó Javier.
Estaba emocionado,