Ana sintió cómo sus manos se tensaban inexplicadamente, mientras las manos grandes de Lucas se deslizaban lentamente desde sus hombros hasta sus manos, agarrándola suavemente y ajustando su postura, diciendo:
—Así, tendrás un agarre más firme. Además, debes relajar un poco tu muñeca.
Hablando, el cálido aliento de Lucas rozó su oído de manera casi imperceptible, su voz profunda resonando a través del tímpano y también a través de sus cuerpos tan cerca el uno del otro, llegando al cerebro de Ana.