Luz pasó un rato más frente a la tumba de Lucío antes de salir rápidamente. Al llegar a la puerta, se percató de que Ana aún no se había ido y estaba hablando con el sepulturero.
Luz se detuvo en seco, temiendo que Ana pudiera descubrir su presencia. Sin embargo, su mirada llena de resentimiento no pudo evitar seguirlos.
Ana acababa de notar que la foto de Lucío se había amarillado un poco y planeaba pedirle al sepulturero que la reemplazara. De repente, como si sintiera algo, se estremeció.