Cuando Lucas llegó a la fábrica abandonada donde se encontraba Ana, acompañado de su gente, Ana ya estaba en una situación lamentable. Su ropa estaba hecha jirones y su cara estaba sucia, cubierta por una mezcla de sangre y polvo.
Aun así, continuaba luchando desesperadamente, rehusando rendirse.
Los hombres que la rodeaban también parecían desesperados. Esta mujer parecía una loca, cuando uno de ellos intentó tocarla, ella golpeó su cabeza contra el suelo. Si no hubieran intervenido para detene