El aire en el compartimiento del auto era opresivo, tan asfixiante que resultaba difícil respirar.
Lucas sujetaba con fuerza el cuerpo menudo de Ana, sin atreverse a relajarse ni un poco. Al verle así, David entendía cuán mal estaba Lucas, y no se atrevía a decir nada. En silencio, aceleró el coche hasta su máxima velocidad, tratando de llevar a Ana al hospital lo más pronto posible.
Ana sentía como si hubiera caído en un abismo, todo a su alrededor era oscuro, sin un atisbo de luz. Gritaba con