Ana pensó inmediatamente en varias sustancias ácidas fuertemente corrosivas, y se le erizaron los pelos de la piel. Ana gritó:
—¿Estás loca? ¡Déjame ir!
—¿Dejarte ir?
Luz agitó la botella de vidrio en su mano, mirando a Ana con una mirada peligrosa.
—Ana, no pienses que no sé lo que estás planeando. Si te dejo ir, no pasará mucho tiempo antes de que vuelvas a estar con Lucas, esa mujer tan seductora. ¿Qué va a pasar con mi Lucío? Por ti, él no tiene ni vida, y tú, puedes olvidarlo tan fácilmente