Ana apretó la ropa en su pecho, pero pasó mucho tiempo, aún incapaz de calmarse.
"¿Acaso me estoy enamorando de este hombre otra vez? Debo estar loca".
Este pensamiento aterró a Ana, la palmada en su mejilla se volvió más fuerte, dejando varias marcas de mano en su rostro pálido, sin siquiera notarlo.
—Un error se puede perdonar, pero caer una y otra vez en el mismo agujero, eso es estupidez—. Ana habló para sí misma.
La razón por la que se sentía de esta manera debía ser porque Lucas era su sal