De inmediato, Lucas profundizó el beso, sin darle a Ana la oportunidad de perderse en pensamientos erráticos.
Ana solo sentía como el aire en su pecho se iba consumiendo poco a poco con cada beso de Lucas, su cerebro ya confuso se volvía aún más turbio.
Y el hombre ante ella, era como una droga, con una atracción fatal, peligrosa pero irresistible, incitándola a sucumbir, aunque el resultado de esa entrega pudiera ser un abismo sin fondo.
El doctor, al ver la escena, solo podía bajar la cabeza,