El dolor agudo en su tobillo golpeó a Ana López, quien miró hacia abajo y sonrió amargamente.
Realmente era mala suerte. ¿Qué más podía salir mal? ¿Una lluvia torrencial justo cuando hay goteras en casa?
Ana López solo pudo cojear hacia afuera. Mientras se movía lentamente, un médico se acercó y la sostuvo. —Señorita, ¿está usted bien?
Ana López, al ver que un médico la estaba sosteniendo, se sintió avergonzada y rápidamente le agradeció.
El médico miró a Ana López y con sorpresa dijo: —Oh, ¿no