Al recordar las innumerables complicaciones que surgieron de su relación pasada, Ana se sintió obligada a tomar una dura decisión para evitar futuros conflictos. Creía que Lucas, con su linaje y buena apariencia, encontraría a alguien mejor, y que un día tendría una bella esposa e hijos adorables, pero sabía que ella no sería esa mujer.
Al regresar a casa, Ana estaba a punto de entrar cuando Javier abrió la puerta. El niño observó a Ana detenidamente, sintiendo que algo estaba mal en su rostro.