Al ver una sonrisa fugaz en el rostro de Lucas, Ana empezó la conversación sin un atisbo de buen humor.
—Te lo dejo claro ahora, si te permito quedarte aquí, es solo para asegurar que tu médula ósea pueda ser trasplantada perfectamente a Javier. No te atrevas a tener ideas equivocadas, porque si lo haces, no dudaré en expulsarte con una escoba.
Lucas no dijo nada, solo asintió en silencio, aceptando su destino con aparente resignación. Esta respuesta, por otro lado, dejó a Ana irritada. Fue como