—¡No fui yo, no lo hice! Ana se apresuró a explicar. Luna cayó por sí misma, pero Lucas no le echó ni una mirada. Miraba a la mujer que yacía en un charco de sangre.
—¡Luna, Luna!
Luna abrió los ojos, extendió su mano, agarró la ropa de Lucas. Su mano estaba cubierta de sangre, manchando parte del abrigo del hombre.
—Lucas, no culpes a Ana, fue mi propio descuido.
Luna forzó una sonrisa. Las dos marcas de la palma en su rostro parecían indicar algo.
Ana apretó sus puños, se dio cuenta de que