Ana corrió con torpeza, la esquina de una prenda sobresalía de una lata de basura, idéntica al abrigo que Javier llevaba ese día.
El aliento de Ana temblaba, abrió el bote de basura y vio a Javier tumbado dentro.
—¿Javier?
Ana extendió la mano, tocó el cuerpo del pequeño, pero Javier no abrió los ojos.
Rápidamente volvió a comprobar la respiración de Javier y descubrió que era regular. El corazón de Ana, suspendido, por fin se calmó, menos mal que Javier solo estaba dormido, no había ocurrido..