Justo cuando Lucas terminó de hablar, Isabel levantó la mano, propinándole una fuerte bofetada.
Lucas no tuvo tiempo de esquivar, y la marca de la bofetada se hizo visible en su refinado rostro.
—Realmente me has decepcionado.
Isabel sintió el dolor en su mano y vio cómo la cara de Lucas giraba por el golpe; su corazón también sufrió un punzazo.
Lo que más le dolía era que su hijo, por una mujer, estaba dispuesto a entregar el patrimonio familiar que había costado tantos años acumular. Y, ademá