Ana recibió el apoyo de su madre y se sintió mucho más aliviada.
Había estado preocupada de que su madre reaccionara con furia por la situación y que, en el peor de los casos, la salud de su madre se viera afectada. Nunca esperó que todo transcurriera tan suavemente.
Teresa miró a Ana.
—Niña tonta, pase lo que pase, siempre serás mi hija. ¿Cómo podría forzarte a abortar por algo así?
Ana sonrió ligeramente y abrazó a su madre.
—Por supuesto que no, mamá es la mejor persona para mí.
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