—Si te vas, nadie podrá curarme, y además, me preocuparé por ti.
Lucío, al oírla decir eso, miró con dificultad a Ivins, quien estaba a un lado, y este soltó una sonrisa amarga.
—Déjala ir contigo. Ya le he dado instrucciones; no te causará problemas, y quién sabe, podría incluso ayudarte en algo.
Aunque Lantit estaba enferma, desde pequeña había recibido un riguroso entrenamiento como heredera, por lo que tenía habilidades excepcionales, especialmente en manejar los complicados asuntos familiar