Al ver los brillantes ojos de los dos pequeños, un torrente de emoción inundó el corazón de Ana. A pesar de su corta edad, los niños eran sorprendentemente maduros, lo que la conmovía profundamente.
—No, no es posible —murmuró Ana. Incluso si pudiera perdonar las terribles acciones de Lucas, mientras su madre siguiera en cama, no podría fingir que nada había sucedido.
—Pero, ¿qué piensan ustedes de él? Si nos vamos, ¿lo extrañarían? —preguntó Ana, dando importancia a los sentimientos de los niño