Ana de repente sintió que no podía explicarse, originalmente había dejado la puerta abierta para evitar situaciones incómodas, pero terminó causándose más problemas al levantar la piedra y golpearse el pie, haciendo la situación aún más embarazosa.
De repente, ya no tenía ganas de ayudar a Lucas con la medicina, y arrojó el ungüento que tenía en la mano directamente al pecho del hombre.
—Hazlo tú mismo, yo me voy —Dicho esto, tomó a los dos pequeños y regresó a su habitación, cerrando la puerta