Lucas estaba sentado en la cama, mientras Ana se había colocado una silla, sentándose a cierta distancia de él. Por un momento, ninguno de los dos habló, quedándose en silencio esperando que les trajeran la medicina.
Después de un rato, se escuchó un golpe en la puerta:
—Sr. Lucas, aquí está la medicina que pidió.
El mesero, al ver la puerta abierta y siendo muy profesional, no se atrevió a molestar más, colgó la medicina en el pomo de la puerta y se marchó.
Ana, pensando en lo embarazoso que se