Pero la vigilancia de Lucas era demasiado estricta, no había oportunidad de infiltrar a alguien para hacer travesuras.
Por lo tanto, a pesar de que Silvia estaba desesperada, no había nada que pudiera hacer.
Hoy, también llegó aquí sin darse cuenta, agitada y confundida, y para su sorpresa, justo vio a Ana y Lucas aparecer.
Ver al siempre orgulloso Lucas poniéndole su chaqueta a Ana, quien se resistía a ponérsela con altivez, y Lucas, lejos de enojarse, la consolaba con paciencia...
Los ojos de