En la pantalla se veían las piernas de Luella luchando afuera, pero rápidamente alguien la sometió y la llevó consigo.
La furgoneta desapareció a lo lejos. Debido a que era una noche oscura y ventosa, y habían secuestrado a alguien que prácticamente no tenía vida social, no causó revuelo alguno. Era como arrojar una piedra pequeña a un lago, creando ondas temporales que rápidamente volvían a la calma.
Adelina y Sebastián se miraron, sabiendo que algo raro había ocurrido.
—¿Crees que ya lo habrá