Después de pedir disculpas, Ana comenzó a desvestir a la mujer y a ponerle su pijama. Ella a su vez se cambió de ropa y se puso una máscara y una peluca que había preparado. A simple vista, quedó irreconocible.
Ana salió del cuarto.
Fabiola la miró y pensó que no había ningún fallo, así que la acompañó afuera.
—No se siente bien, probablemente tenga un resfriado. No queremos que contagie al señor Lucas. La llevaré al hospital.
Fabiola, siguiendo la excusa que había pensado anteriormente, salió